¿Hacía dónde vamos?
Qué rápido corre el mundo.
No se detiene por la tristeza ni por la alegría,
ni por la llegada de la vida
ni por la partida de quien más amamos.
¿En qué mundo vivimos
que nos exige continuar tan rápido
aun estando rotos,
aun cuando nos cuesta respirar
porque la vida se llevó a quien nos daba aire?
A los cinco días de una pérdida,
uno ya debe volver al trabajo.
A los tres meses de la transformación más grande,
ya hay que regresar a “la vida de antes”.
Aun gestando, hay que correr.
Aun llorando, hay que correr.
Aun enamorados, hay que correr.
Te casaste: no importa, a trabajar.
Tu hijo se graduó: no importa, a trabajar.
Tu madre está enferma: no importa, a trabajar.
¿En qué mundo vivimos
en el que no cabe la humanidad?
¿Cuál es el objetivo de todo esto?
¿A dónde vamos tan rápido?
Los hijos crecen,
no importa: sigue trabajando.
Nunca es suficiente,
nunca hay suficiente.
Y en el único sistema
en el que nuestra presencia es irremplazable,
es donde menos se nos permite estar.


Deja un comentario