Hoy renunció uno de mis mejores elementos. ¿La razón? Probablemente un sinfín de errores del sistema y, aunque no quiero aceptarlo, seguramente también algunos míos como líder del equipo. Es difícil construir e integrar un equipo, y cuando una pieza se va, duele ver cómo todo se desacomoda. Sin embargo, también hay una emoción más enfocada en lo personal: la satisfacción de ver cómo las personas con talento crecen, cómo cuando el lugar les queda pequeño, buscan otro caparazón y las oportunidades se abren para ellos.
Creo que es fácil aprender a hacer las actividades diarias, conocer la empresa y trabajar por un objetivo, pero lo más difícil, sin duda, es conocer a las personas. No solo como miembros de una organización, sino como seres humanos. Seres humanos que trabajan en una empresa y que, aunque su trabajo determina gran parte de su día (y hasta se podría decir que de su vida), tienen muchas más facetas que los integran. Hoy coincidimos en este lugar, pero mañana seremos un recuerdo en sus memorias porque, al final, probablemente solo nos una una cosa: la empresa en la que trabajamos.
Aquí comienza mi reflexión. Así es como yo, líder y también ser humano, cometo errores. A veces el exceso de estrés, la vida personal y otros asuntos me afectan, pero algo que nunca se va de mí es el respeto. Como líder, mi enfoque es siempre trabajar de manera respetuosa.
Otro punto importante es cómo haces sentir a las personas. ¿Qué recuerdos van a tener de ti? ¿Qué cosas implementarán en su crecimiento profesional? ¿Qué aprenderán de ti cuando salgan a otras empresas? Eso me intriga y me emociona: pensar en qué se llevan, más allá de un finiquito o un ahorro, los momentos de aprendizaje, la organización de un equipo, la ejecución de las actividades, pero sobre todo el trato y la integración al equipo.
Se llevan también las veces en las que, aunque ellos no lo sepan, luchaste por ellos. Cuando evitaste que la presión de una reunión difícil llegara a ellos, cuando comunicabas los objetivos de una manera diferente a como lo hicieron contigo, cuando corregiste un error con más amabilidad de la que tú recibiste (aunque fueras tú quien asumió el error y recibió el regaño por ello). Se llevan las veces en las que comprendiste que no era que tu equipo no te entendiera o no prestara atención, sino que tú necesitabas mejorar la manera en la que manejabas la situación.
Hoy espero que las personas con las que compartimos desayunos y cafés godínez se vayan con una semilla en su corazón, que crezca a lo largo de su recorrido, y que, cuando nos volvamos a encontrar, nos recordemos con gusto.


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